sábado, 11 de abril de 2015

España encabeza la lista de la tasa de la pobreza en la Unión Europea.


Fuente: Foessa



España es uno de los países de la Unión Europea en el que la renta está repartida de manera menos equitativa según el informe Foessa, un informe que tiene como objetivo influir en decisiones de políticas públicas para el desarrollo social. La evidente desigualdad que existe en el país ha hecho que se agrave este tema con la llegada de la crisis, aunque se puede decir que ya existía con anterioridad.

El principal problema ha llegado a partir del año 2007, cuando la caída de las rentas familiares ha descendido bastante. Hoy la renta media de la población española es inferior a la que había en el año 2000. A este mismo proceso también se le une el problema de que hay un aumento de desigualdad en el reparto, lo que hace emplear el término de “fractura social”.

Esta fractura se ha visto provocada por dos grandes enemigos de la crisis económica: el desempleo y la ocupación precaria. Con este último hecho, si sigue así, hará desaparecer un importante capital humano en las próximas décadas. El mayor aumento de la fractura social lo ha aportado el empleo, la vivienda y la salud. Así, las diferencias de exclusión social son mucho más evidentes en jóvenes, e incluso en niños, que en ancianos.

Por otro lado, en el caso de las políticas de austeridad que se han propuesto para intentar paliar esta crisis tampoco han ayudado mucho en cuanto a la distribución de población. Lo que han hecho ha sido elevar el sufrimiento social de éstos. Los recortes afectan a los bienes básicos, a la protección que ofrecen algunas prestaciones sociales o incluso a la exclusión de algunos servicios básicos para el bienestar.

Esta crisis a su vez ha llevado a la política a tomar decisiones que entorpecen la normalidad de actividades a corto plazo y con ello a la creación de empleos. La gran deuda de familias, empresas y sector público origina una limitación en muchos ámbitos de la vida puesto que los canales de ahorro e inversión han quedado por largo tiempo paralizados. El problema apunta a que hay ciertas empresas españolas que mantienen una posición privilegiada al imponer precios de venta superiores a los razonables.


Por último, algunos dicen que el comienzo de la recuperación del empleo, parece que se va notando ligeramente, normalmente a tiempo parcial, temporal y con sueldos bajos, aunque no se debe olvidar que España sigue viviendo con esa tasa de pobreza. Esperemos que esto cambie cuando la recuperación se consolide, porque la creación del empleo es el único motor real de la economía. Para creer en él se necesita trabajar en las inversiones en diversos sectores, una negociación comprensible que adapte los salarios y evitar el malestar de los trabajadores. Y lo más importante: hace falta un inmejorable sector público con garantías de buenas prestaciones sociales para que la generación del futuro no siga cayendo en el retroceso, si no que sea legalmente amparada por sus representantes políticos.

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